30 de noviembre de 2011

La III Guerra Mundial

Líderes del BRIC (2008)

Es posible que la III Guerra Mundial ya haya empezado, nadie dijo que esta guerra fuera a librarse con balas, quizá llegó la hora de pelear con monedas, después de todo para eso se crearon las Naciones Unidas, utilizar los intereses económicos para evitar los conflictos armados. Pero no nos olvidemos de los conflictos económicos, hay quiénes saben sacar provecho a las crisis y más a ésta, la europea.
Son los países emergentes, Brasil, Rusia, India y China, denominados el BRIC por el analista Jim O’Neil, que han sabido aprovechar las pérdidas y el lento crecimiento o, más bien, estancamiento de Europa para sentarse a la mesa de la gobernanza económica mundial. Y se han sentado con fuerza, primero gracias a que, en la última década, han experimentado un crecimiento superior al de los países desarrollados que ha posibilitado una integración comercial y financiera, con un aumento de las inversiones en sus economías; y segundo, por su gran tamaño económico, dinamismo, superficie territorial que ocupan y ralentización del crecimiento de la población.
El BRIC comenzó por integrarse en el G-20, el primer foro para la cooperación económica internacional, una integración motivada, más que por la relevancia que estaban adquiriendo dichos países, por la conveniencia y oportunidad de aprovechar sus economías en un momento en el que se avecinaba la crisis europea y la prioridad era tratar de evitarla. Y después vinieron el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, un paso algo más complicado, ya que la participación en estos grupos viene determinada por las cifras. La participación de China y Rusia está bastante asegurada, aunque no tanto la de Brasil e India.
En poco tiempo se han convertido en el destino de inversiones extranjeras y, al mismo tiempo,en beneficiarios y motores de la economía global, se estima que en el año 2050 produzcan el 44% del PIB mundial. El crecimiento económico de los cuatro integrantes del BRIC, junto con sus intereses afines en muchos ámbitos,- no en todos-, ha llevado a que los representantes políticos de cada uno de ellos se reúnan periódicamente para debatir sus intereses. Entre éstos, está el intento por cambiar la tradición de que el presidente del FMI sea un europeo y un estadounidense el del Banco Mundial. También está entre sus pretensiones la reforma del porcentaje de voto que corresponde a cada país en el G-20, las cuestiones relevantes deben aprobarse por una mayoría del 85% de los votos, EEUU posee un 15%, lo que le otorga capacidad de veto y quieren evitar.
Se han convertido en relevantes actores de la economía global y, en los próximos quince años, se convertirán en los motores de crecimiento. De la misma manera, la importancia de sus decisiones también requiere contraer responsabilidades, como la aplicación del Protocolo de Kyoto en materia medioambiental y acatar los acuerdos, puesto que el BRIC emite un tercio de las emisiones de gases contaminantes a la atmósfera.
La crisis financiera europea y la caída de muchos de sus gobiernos, está acelerando el proceso de convergencia de estos países, que ya nada tienen de emergentes, hacia las economías avanzadas. Sus objetivos y decisiones cada vez tienen más importancia, los procesos de liberalización comercial que han llevado a cabo han favorecido su integración mundial. La riqueza del BRIC se encuentra, además de lo dicho antes, en que son estados propietarios de considerables cantidades de materias primas y con grandes niveles de exportaciones. Según las previsiones de la UE, India superará el PIB de EEUU para el año 2043.
Considerando todas las ventajas de las que gozan y los datos de la última década, el BRIC, especialmente China e India, no tardarán en convertirse en unas de las mayores potencias o, tal vez, las mayores. Ésta es la III Guerra Mundial, la económica, los heridos ya empiezan a asomar en el campo de batalla, tan solo queda el cambio decisivo en la gobernanza mundial.

Publicado en el blog Tu ventana al mundo. Periodismo internacional:

29 de noviembre de 2011

Cielos negros, economía dorada

La prioridad de China es el crecimiento económico, aunque sea a costa de su población, de su territorio o de la salud a nivel mundial.


China es el país emergente que cada día está más cerca de los llamados países “desarrollados”, hasta tal punto de que sus emisiones de gases a la atmosfera y su contaminación, en general, han crecido a la misma velocidad que sus cifras económicas, y ambas preocupan a los demás países del mismo modo. Sus niveles de producción siguen desarrollándose en, prácticamente, las mismas malas circunstancias ambientales, al no encontrar barreras eficaces que den primacía a la lucha contra el cambio climático o las condiciones de vida frente al desarrollo insostenible.
El enorme crecimiento del gigante asiático está costando caro a todos, especialmente a su población. China es, a día de hoy, el mayor emisor de gases que provocan el efecto invernadero, debido a su enorme producción y consumo de combustibles fósiles y otras actividades. La economía del país ha crecido en veinte años en las mismas dimensiones que lo hicieron los países occidentales en un siglo y, del mismo modo, China ha logrado cifras equivalentes en problemas ambientales. Las cifras amenazan la sostenibilidad de todo el planeta, y los Gobiernos del mundo piden que se tomen medidas al respecto.
Para la celebración de los Juegos Olímpicos de Pekin, en 2008, el Gobierno chino tuvo que atender al medio ambiente, momentáneamente ya que, tras la celebración, las mejoras logradas desaparecieron y volvió a primar el crecimiento económico. Parece ser que, ni las manifestaciones, ni las exigencias de la comunidad internacional, ni tan siquiera los nacimientos deformes a causa de la contaminación o las muertes por ingestión de alimentos que se han vuelto tóxicos, importan lo suficiente como para convertirse en un obstáculo al crecimiento económico o, al menos, a algo a tener en cuenta.
Según los datos del Banco Mundial, cada año, mueren aproximadamente 178.000 personas. Más de la mitad de las ciudades están afectadas por la lluvia ácida y una sexta parte de sus principales ríos no son aptos ni para el cultivo. Mientras su posición internacional sube, disminuye su calidad de vida. Durante la cumbre de la ONU de 2009, China se enfrentó con EEUU, por la reducción de las emisiones y las fórmulas que habría que desarrollar para financiar la recuperación de niveles ambientales adecuados. Ambos países representan un 40% de las emisiones globales de CO2 a la atmósfera. Al menos el país asiático forma parte del Protocolo de Kyoto, al que se han acogido 37 países industrializados, entre los que no está el estadounidense, solo adhesionado simbólicamente. Este protocolo expiará en el año 2012, sin haber obtenido la eficacia esperada, y deberá sustituirse por otro acuerdo, al que se llegará en la Conferencia de Copenhague.
Las negociaciones, antes de la Conferencia, se discuten en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), que realiza varias sesiones de Conferencia de las Partes. El encuentro que se está celebrando actualmente es en Durban-COP17 (Sudáfrica), la próxima conferencia será en 2012, en Catar (COP18). Para la reducción de estas emisiones de gases, el papel de China es fundamental. En las negociaciones, que durarán hasta el 9 de diciembre, China, Estados Unidos, India, Brasil, Indonesia, Corea del Sur, México y Sudáfrica ya hayan puesto sobre la mesa ofrecimientos de reducción de emisiones, pero parece complicado llegar a un acuerdo y un equilibrio.
China prometió reducir sus emisiones de carbono por cada unidad de PIB, lo que significaría entre un 40 y un 45 por ciento para el año 2020, aunque dado el ritmo de crecimiento tan acelerado que está teniendo se cree que esas medidas son insuficientes. Muchos países usan a China como excusa, si no están de acuerdo con las medidas que tome el país no habrá acuerdo, pero esto parece un intento por cerrar los ojos ante sus propios territorios y una excusa que buscan, entre otras cosas, para pararle los pies a un país en pleno boom  económico, mientras otros tratan de sobrevivir a la crisis, que amenaza con mandarles al banquillo.

15 de noviembre de 2011

Estados de Malestar

      La crisis europea se ha convertido en el primer plato del menú informativo. Europa se ha visto acorralada por  una serie de problemas mal gestionados que vienen de atrás y que se van contagiando de unos ámbitos a otros. El principal, claro está, es el económico.
     La Unión Europea ya surgió con esa vocación, emplear la economía como cinta de unión de intereses entre países, de manera que ésta rigiese las relaciones entre ellos y sirviese de elemento para acabar con los conflictos. Pero el mercado es traicionero, y más si se olvidan otros sectores. Desde entonces a esta parte, Europa ha ido creciendo y olvidando aquello a lo que había dado prioridad y que, ahora, empieza a desbancarla. La economía, como bien sabemos, tiene ciclos, tres en concreto, y nos encontramos en un estancamiento que huele a recesión.
     La Europa como comunidad se construyó y se ha ido edificando en base a crear una economía global, dejando un tanto de lado la política global. Al contrario, nos encontramos con una política que se hace desde un punto de vista local y con unos mercados que son, esencialmente, regionales. Las crisis en los distintos ámbitos van mordiéndose la cola unas a otras: la economía se cae, las medidas de austeridad levantan el malestar de la ciudadanía y afloran las revueltas, como se ha podido ver en diferentes casos, los más recientes son Italia y Grecia. Es entonces cuando la confianza y legitimidad otorgada a los políticos, siempre desde un prisma local, comienza a naufragar. No hay dinero, no hay trabajo, la culpa es de aquél que “manda”.
    Sin embargo, resulta que aquél que “manda” en cada Estado no es el que ha impuesto esas medidas restrictivas, ni el responsable de los recortes que, lo único que pretenden, es hacer reflotar. Hay que recordar que, aunque vivamos cada uno en nuestra casa, tenemos un interés económico común que acordamos años atrás. El problema de esto es que las alianzas están muy bien cuando se trata de épocas de bonanza, pero si el vecino se viene abajo que se las apañe él mismo. Este es el caso de la ciudadanía en los países acreedores de la Unión Europea (Alemania, Austria, Eslovaquia, Finlandia y Países Bajos), que no apoyan que sus gobiernos creen planes para salvar a los países que padecen la crisis, a estas alturas, en todas sus vertientes. Y al mismo tiempo, están los ciudadanos de estos países, que pierden sus trabajos y ponen mala cara ante la ejecución por parte de sus administraciones de las normas que vienen de fuera.  Parafraseando la letra de Joan Manuel Serrat, “corren buenos tiempos para esos caballeros, locos por salvarnos la vida a costa de cortarnos el cuello”.
    En esta tesitura, los Gobiernos no saben cómo actuar: hacer caso al pueblo y, por ende, respetar la democracia que les ha otorgado a los ciudadanos poder de decisión; o, salvar su economía aplicando las medidas exteriores y salvar, así, la democracia europea. Lo que está claro es que no se puede hablar de unión por el simple hecho de tener y construir intereses económicos afines. En Europa, la integración económica ha ido delante de la política. Y ahora, tenemos que acudir a la cooperación y a los planes de estabilización para suavizar la caída.
     La Eurozona cuenta con 17 gobiernos, pero ninguno de ellos es el Gobierno de Europa, y ninguno está dispuesto a asumir la responsabilidad, menos aún cuando se trata de lidiar con un conjunto de estados que, más que de bienestar, se definen por el malestar.

8 de noviembre de 2011

La austeridad mina la confianza griega

El Gobierno socialista griego, presidido por Karolos Papoulias, no sabía qué se iba a encontrar cuando llegó al poder a finales de 2009. Tampoco se lo esperaba la Unión Europea, ni los países de la Eurozona. La economía sumergida de Grecia llegaba al 35 -40%, con una deuda soberana que, ahora se fija, en 340.000 millones de euros.
Las causas de este endeudamiento se sitúan en el anterior Gobierno conservador de Costas Caramanlis, que incrementó el gasto público tras llevar a cabo una serie de políticas de empleo público, la contratación de más de cien mil nuevos funcionarios, con sustanciosos incrementos salariales y el incremento del 70% en las nóminas de los empleados públicos. A todo ello, se añade la reducción de los ingresos fiscales consecuencia de la economía sumergida y la corrupción y, otro incremento del gasto público, con la organización de los Juegos Olímpicos de 2004. En resumen, el individualismo del Gobierno para tomar medidas en contra del propio sistema, cuyas repercusiones e impacto social no se tuvieron en cuenta en su momento.
El Gobierno se desmorona, este domingo, el Ministro de Finanzas responsable de los planes de austeridad aprobados, Yorgos Papandreu, abandonó su cargo. A la crisis de gobierno, contribuyen una serie de factores clave, entre los que se encuentran: la división dentro del propio gobierno socialista, la respuesta internacional de la zona euro y Fondo Monetario Internacional y sus repercusiones en las medidas tomadas que afectan a la población y a su nivel de vida y, por último, la presión de los partidos en la oposición. El fraude de la economía griega que comenzó a salir a la luz tras el cambio de Gobierno, registra un déficit que supera el 13% del PIB, y es considerado uno de los mayores del mundo. La inestabilidad ha llevado al adelanto de las elecciones al 19 de febrero.
Los planes y medidas de austeridad impuestas por la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional para que el Gobierno griego reciba la ayuda, han generado descontento y movilizaciones entre la población, en muchos casos violentas. No paran de sucederse los llamamientos a la huelga general y los principales sindicatos califican las medidas del Gobierno de “antipopulares y brutales”. Los salarios públicos se han reducido un 20% y las pensiones en un 10%, mientras que el IVA aumenta de un 0,5% a un 2% en función del producto, los impuestos por rentas superiores a 100.000 € suben al 45% y, entre 2012 y 2015, se prevé que el Estado tenga que recortar 150.000 € de los alrededor de 700.000 empleos públicos.
Ante la división interna del gobierno socialista, su incapacidad de controlar la situación y hallar un camino que “contente a todos”, cosa que ya, a estas alturas, resulta
imposible, los principales partidos pretender crear un gobierno de la unión. El Partido Socialista llegó a remodelar hasta dos veces su mandato, la última ha sido la sustitución de Y. Papandreu por Evánguelos Venizelos. Las principales fuerzas políticas se reunirán para formar un Nuevo Gobierno de coalición, esta es la intención del Presidente Karolos Papoulias; sin embargo, ayer se canceló el primer encuentro debido a la negativa a participar de la izquierda. Mientras tanto, la población no confía en que esta propuesta pueda mejorar la situación, ni en que represente los intereses de los ciudadanos.